Grabaste en 16:9 y lo necesitas en 9:16. La IA mira cada toma y decide dónde recortar, así que nadie queda con media cabeza fuera del cuadro ni el video termina flotando entre bandas negras.
La forma fácil de pasar de horizontal a vertical es recortar el centro y listo. Funciona cuando la persona está justo en el medio y no se mueve. En un video real no pasa: quien habla está a un lado, se acerca a la cámara, aparece un segundo invitado, el director corta a otro plano.
El resultado del recorte fijo es siempre el mismo: alguien hablando desde la esquina, o directamente fuera del cuadro mientras se escucha su voz. La alternativa que usa mucha gente —encoger el 16:9 dentro del marco vertical— deja dos bandas negras y una cara diminuta que nadie va a ver en un celular.
Un video editado no es una toma continua: tiene cortes de cámara. Primero se identifican esos cortes, porque cada toma necesita su propio encuadre.
Se manda un fotograma de cada toma a un modelo de visión, que responde dónde están las personas dentro del cuadro.
Una persona sola pasa a pantalla completa, centrada donde está de verdad. Dos personas lado a lado se apilan: una arriba y otra abajo, cada una con su recorte. Es el formato que funciona en entrevistas y podcasts.
La propuesta es un punto de partida: puedes corregir el encuadre antes de exportar si algo no te convenció.
Si lo que tienes es una charla, un webinar o un episodio de podcast entero, convertirlo completo a vertical rara vez sirve: nadie ve una hora en formato reel.
Lo que funciona es cortar primero y reencuadrar después. El extractor de clips te propone los tramos que valen la pena y cada uno sale ya vertical, con su encuadre resuelto toma por toma.
15 minutos de video al mes, gratis y sin tarjeta. Sube algo horizontal y mira cómo queda en vertical.
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